La sensación de una victoria y un papelón nacional

En la columna editorial de cada lunes, La Arena Vernácula, un repaso al principal tema de la semana que se fue: los resultados y el análisis de la audiencia pública en la Corte Suprema por el corte del río Atuel.

Una de cal...

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La tan esperada “audiencia de conciliación” ante la Corte Suprema de Justicia por el caso del Atuel dejó la sensación de una victoria -cuya magnitud varía según el cristal de quien mira- para nuestra provincia, según las interpretaciones de un amplio arco profesional, político y social.

Las exposiciones de los “amicus curiae” que propició La Pampa impusieron a la Corte Suprema una agenda para que a la hora de fallar pueda mirar la cuestión desde el paradigma de los Derechos Humanos y el ambiente, y no desde el mercantilismo, como propicia Mendoza.

Será una pelea: la Corte Suprema de Justicia tiende a soluciones salomónicas, que conformen un poco a ambas partes, y así como desde los propios interrogantes planteados por algunos jueces se adivinaba una postura más cercana al reclamo pampeano, otros magistrados no disimularon su mirada economicista.

Como a mitad de camino entre esas dos posiciones, el presidente Ricardo Lorenzetti -que viene haciendo del ambientalismo judicial una de sus banderas predilectas- fustigó con cierta dureza algunos posicionamientos cuyanos, dejó en evidencia la molestia por el insólito desplante del Gobierno Nacional, pero también consideró sin medias tintas que “el conflicto lo genera la escasez de agua”, cuando en realidad podría interpretarse que su germen es la desmedida ambición mendocina que le pone freno a un curso natural.

El desempeño de los “amicus” pampeanos resultó sensato, coherente y previsible: se sabía que no habría sorpresas en el planteo de ciertos reclamos, fatigados de argumentación en los más diversos ámbitos.

La delegación provincial se caracterizó también por cierta diversidad de miradas, aunque hacia un mismo concepto: desde lo académico, desde lo técnico, desde lo político y desde la experiencia personal relatada por el representante de un pueblo originario víctima del robo del río, apuntaron a que los jueces entiendan el enorme daño causado en todos estos años.

Fueron contrastantes las exposiciones de los gobernadores. Carlos Verna supo desde el principio que se trataba de un cuarto de hora fundamental en su trayectoria política y no lo desaprovechó: fue contundente en las palabras y aportó cuestiones escénicas de peso, para responder lo que su fiscal no había contestado y para aseverar sin medias tintas que se robaron un río.

Ni lerdo ni perezoso, Verna vio también la oportunidad política de una problemática que incluso le ha dado aires nacionales, pero que además en la provincia le garantiza poco menos que unanimidad, al punto tal que varios de sus contrincantes políticos destacaron incluso su papel personal ante la Corte (el PRO y dirigentes del radicalismo no le mezquinaron el elogio).

El jefe del Ejecutivo aprovechó para llevar consigo a sus antecesores en el cargo, exacerbando la idea de que se trataba para La Pampa de una “jornada histórica”, y a su regreso presentó en su despacho, con tonos eufóricos y gestos de celebración de un éxito, a quienes resultaron sus aliados, pese a diferencias políticas innegables en otros temas y asuntos.

Como tener la razón del lado de uno contribuye a hilvanar mejor los discursos, a su par mendocino Alfredo Cornejo se le complicó el panorama a la hora de fijar posición y lució débil y hasta con poco entusiasmo, resignando los conceptos políticos que pudiera tener en una apuesta a las cuestiones técnicas y leguleyas del equipo que llevó, y que de todos modos no le dio buenos resultados, según fue reconocido por la mayoría de los medios de la provincia cuyana.

...y una de arena

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Un papelón resultó el rol del Gobierno Nacional: si a la gestión macrista le llueven acusaciones por su cinismo y frivolidad, para quienes comprenden la problemática del Atuel este capítulo se sumará a otros episodios y procesos casi cotidianos, puesto que tiene la misma o mayor gravedad.

El subsecretario de Recursos Hídricos Pablo Bereciartúa desapareció repentinamente de la audiencia (“huyó”, describió con acierto el gobernador) cuando se aguardaba que ante la necedad mendocina al menos pudiera surgir alguna propuesta concreta desde el Gobierno central.

Pero además, la funcionaria de menor rango que le hizo de relevo demostró no solo su desconocimiento pleno y una total ignorancia sobre el tema, sino que hasta parecía jactarse de la indiferencia por la cuestión: ese desinterés, además de una puja política interna, la llevó a ni siquiera leer lo que Bereciartúa le había encomendado, y que después se repartió en modo de comunicado de prensa.

Ese desempeño tan vergonzoso ni siquiera derivó en algún llamado de atención y mucho menos en renuncias o algo parecido, y al contrario se convirtió en motivo de nuevas excusas y mentiras públicas para justificar lo injustificable.

También debe comprenderse que no solo en estos últimos tiempos, sino a lo largo de este proceso histórico, a la avaricia mendocina y a la inacción del Gobierno Nacional se sumaron algunas políticas -o falta de políticas- por parte del Gobierno Provincial, que durante años ensayó algunos pactos con los funcionarios cuyanos, creyó en la posibilidad de arreglos y gambeteó el inicio de una demanda judicial.

Los gobernantes pampeanos solo se decidieron a este paso cuando comprobaron el interés de la Corte en hacerle lugar a un debate de este tipo, cuando un ciudadano (Miguel Palazzani) motorizó una presentación que avanzó lo suficiente como para obligar al Ejecutivo a moverse en el mismo sentido.

Esta vez, los promotores de esa demanda fueron poco tenidos en cuenta a la hora de la presentación, pero sus contundentes argumentos sobrevolaron todo el tiempo en la audiencia y forman parte del expediente, incluso en los momentos en que el fiscal de Estado José Vanini tuvo serios problemas para responder con soltura y se enredó en aires dubitativos que parecían dejarlo un poco mal parado.

Después el funcionario se admitió “descolocado” porque no esperaba preguntas de los jueces en ese momento, pero ciertas flojedades de su desempeño quedaron chiquitas ante los balbuceos en que cayeron los representantes mendocinos, incapaces de explicar las contradicciones institucionales, políticas e históricas en que ha caído esa provincia cuando de recursos hídricos se trata.

A Mendoza se le hizo imposible explicar su postura respecto de que la Corte no debe intervenir en el tema, tuvo serios inconvenientes para aceptar o no la interprovincialidad del río y se enfrascó en un mar de contradicciones cuando quiso explicar la “inconstitucionalidad” de la Ley de Aguas para zafar de la integración de un comité de cuenca del Atuel, con participación nacional tal como ya ocurre en el del Colorado, con presencia mendocina.

Ahora la pelota la tienen los jueces de la Corte y parece inimaginable que como resultado de estos pasos no surja alguna medida que tienda a beneficiar a nuestra provincia: para ello será clave si se privilegia el paradigma que considera el agua como un Derecho Humano, o si triunfa entre los ministros la idea de atender primero que nada las cuestiones economicistas y el negocio.